DIOS
Ayer comenzó a dejarse ver entre un puñado de tierra que yo creía yermo. No sé qué árbol es, no sé de dónde viene. Quité los nombres de lo plantado, hacía tiempo que nada ya brotaba. Olvidado en un rincón de la terraza es ahora mi tesoro. Tan pequeño, su hoja me fascina. Necesito verlo crecer unos días en este pequeño reducto. Después, llevaré el milagro a una maceta de barro y entre noticias desastrosas sobre energías lo admiraré como si fuese un Dios. Tan cercano, tan casero, tan real.