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VOLCÁN

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 Se asienta la nieve sobre la piedra del volcán. Marrones, negros, grises, rojizos conviven con el blanco. ¿Se deben amar o acaso se soporten en silencio?  Tal vez con la sabiduría del tiempo se acojan los unos con el otro. Se reconozcan. No hay vuelta atrás, solo la Espera; la espera para escuchar el sonido del blanco fundirse con lentitud, para sentir el cosquilleo del agua al delizarse entre ellos, para reconocer de nuevo el calor. La erosión continuará de un modo u otro. Procesos de existir, de aceptación, sin enfrentamientos, sin peleas. Colores.

CALMA

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 Calma. Me responde mi hija al preguntarle qué le sugiere esta imagen,  "me produce calma". Todo tan frágil. Y a la vez tan limpio y hermoso. ¿Debe de ser así nuestro corazón al nacer? La sombra, difuminada al fondo, se ensancha. Representa tal vez las prisas, el agobio, el no perderse nada de cursos, de cine, de teatro, de viajes, de recitales, de deporte, de series,  de estar en una red, en dos o en todas, hacer, hacer, hacer. Mientras la luna nos invita a que miremos si está menguante o llena,  el mar nos solicita que escuchemos su rumor o su bravía, el caldo se entristece si lo bebemos rápido, los petalos de alguna flor esperan nuestros delicados dedos para sorprendernos y la montaña desea que percibamos sus olores. ¿Sabrán los niños y niñas de hoy lo que es la calma? 

BARCA

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  Fue ese azul, blanco, gris, ese casco dolorido que alguien iba a restaurar el que me hizo parar. Pensé en todo el tiempo que ha vivido en el agua. Ahora desnudo, como si esuviese en un quirófano, a la vista de todo el personal, aunque nadie lo miraba. La barca, ralladuras, arañazos, quién sabe si grietas contenian su cuerpo. Me quedé quieta, delante de ella, sentía piedad. Hay instantes mágicos a lo largo del día. A veces los vemos, otras se nos presentan pero nuestra mente nos marea y se esfuman con tristeza. Nosotros pasamos nueve meses en el agua, luego salimos al aire y nuestro cuerpo se curte. Volvemos de vez en cuando a ella,  la piscina, el mar, el lago, el río fresco. Una vida paralela a este casco. Cada uno en su entorno. Ambos con señales de días, de años, de subsistencia, pero también con  manos amorosas que acariciaron esa madera, que acariciaron nuestra piel y que ahora la miman poco a poco. 

MANOS

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  ¿Qué hay? ¿Dolor, reconocimiento, saberse? Las manos como si fuesen garras, ¿Dónde estoy?¿Quién soy? ¿Solo carne? Me explicaron que en el recogimiento de las manos se esconde aquello que nos solicita nuestro ser, según el lugar, según la posición de ellas en nuestro cuerpo nos consuelan con una palabra u otra, nos alivian un rincón u otro. Recordé las manos de mi abuela en su regazo. A mí me daba paz verlas así. A veces se estiran o se agarrotan para arrancar, aullar aquello que no comprendemos de nuestro dolor, de nuestros nudos interiores, de esa palabra que algunas mujeres han llevado como nombre, angustias. Nuestras queridas manos, ¡saben tanto!.

PALMERAS

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 Las palmeras quedaron mustias, muertas, el picudo.  Es tarde de viento, de estrés, de puente, de compras y coches que rugen por escapar. El tráfico siempre con ellas.  Las bocinas entorpecen el dar la bienvenida a la noche. Tras los cristales, el cielo ya rosado y las datileras quietas, con sus hojas grises, decaídas, como penachos de ceniza, son  testigos de este hormiguero humano. En un tronco estéril, abandonado a la miseria, se alza una enredadera, quiere coronar el espacio vacío de las hojas, quiere reinar. No sé si sabe que nunca alcanzará la elegancia de sus antecesoras. Y así, al observar esta isla ciudadana de palmeras en extinción,  pienso en el tiempo que me acompañaron, robustas, verdes y atrevidas, sin la compañía entonces de las raquíticas y estilizadas californianas, tanto estilismo que asustan y sin embargo dan una linda flor.

SEÑALES

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Saben la nubes de mi existencia, dominan el paisaje por encima de los magnolios mientras camino por la  estrecha calle,  alzo el rostro y las encuentro. Las saludo. Al doblar la esquina distingo entre el bullicio del tráfico el canto de un ave, me pregunto cuál será, nunca entendí este ancestral lenguaje, "una muy atrevida" me digo,  sin verla le doy las gracias. Días de chaquetón o manga corta, de orquídeas apartadas de su madre que se atreven a crecer, de vencejos que señalan lo espontáneo y lo fugaz, días de confiar en que las buganvillas seguirán creando fucsia en el balcón, de imaginar la bondad. Y así, cuando es así de sencillo, respiras hondo antes de descansar, sintiendo que hoy lo has entendido, mañana ya se verá.

MILAGRO

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Poco que decir. Nos ofrece la blancura su silencio. El milagro siempre delante. El animal lo entiende. Mis respetos.