BARCA
Fue ese azul, blanco, gris, ese casco dolorido que alguien iba a restaurar el que me hizo parar. Pensé en todo el tiempo que ha vivido en el agua. Ahora desnudo, como si esuviese en un quirófano, a la vista de todo el personal, aunque nadie lo miraba. La barca, ralladuras, arañazos, quién sabe si grietas contenian su cuerpo. Me quedé quieta, delante de ella, sentía piedad. Hay instantes mágicos a lo largo del día. A veces los vemos, otras se nos presentan pero nuestra mente nos marea y se esfuman con tristeza. Nosotros pasamos nueve meses en el agua, luego salimos al aire y nuestro cuerpo se curte. Volvemos de vez en cuando a ella, la piscina, el mar, el lago, el río fresco. Una vida paralela a este casco. Cada uno en su entorno. Ambos con señales de días, de años, de subsistencia, pero también con manos amorosas que acariciaron esa madera, que acariciaron nuestra piel y que ahora la miman poco a poco.

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