BARRO
Mientras camino por la calle con el viento de cara escucho conversaciones telefónicas que no busco, "la despedí porque estaba harto, no daba ni una, una vergüenza" "la operación ha ido bien, le cogieron a tiempo, no sabemos aún cuando le darán el alta" "te llamaré yo más tarde, voy de cabeza, como siempre, sí sí, haremos unas cañas". Todos nos movemos, nadie está parado para ver el cielo gris o las palmeras que se mecen. Los semáforos y unas pocas gotas marcan el ritmo. La amplia avenida de jardín, que separa las aceras y el tránsito de los coches, parece hecha solo para los perros; hay barro, nos asusta. Perdemos tocar la tierra, ensuciar nuestras manos, revolcarnos como animales que somos, queremos todo limpio, inmaculado. Mientras, la naturaleza nos mira amedrentada. Hay lagos de un marrón maravilloso en el que puedes reír y naufragar en días de vendaval, hay verdes que te recuerdan que naciste inocente y mojada. Sigamos, todavía hay cosas por lleg...