NIEBLA
Debe de haber niebla en nuestros ojos al nacer. Horas, días, meses con neblina hasta reconocer el nuevo territorio. No sé qué se siente. No lo recuerdo. No sé quién fui. Tampoco lo sé al despertarme, cuando al preparar el desayuno los sueños aún bullen en mi ser. Mientras mi mano parte el mango, carga la cafetera o exprime la naranja, mi mente hace un esfuerzo para abandonar esa lejanía tan profunda que me absorbe. No es fácil, a veces es muy grata y el ancla no se suelta. No sé tampoco quién soy en ese espacio enigmático. Alguna vez está oscuro, alguna vez. Parece que un hilo de oro me une a él. No sé bien qué hago allí pero suceden hechos importantes y escurridizos. De vez en cuando hay calma y el hilo de oro desaparece. Cuando quiero comprenderlo todo, la neblina aparece de nuevo, si cabe más espesa. Debe de ser la misma que cuando nací. Yo creo que nunca nos la quitamos del todo. Eso creo yo. Esa neblina.