MADERA
¿Seremos también las palabras que unos y otros nos contamos sobre nuestras madres y padres? ¿Qué debe ocurrir con las sensaciones que recibimos de estas conversaciones? Una noche te levantas porque no puedes dormir, dudas si coger el libro o mirar el móvil, gana lo segundo. Entonces, en esos mensajes que nos comen la vida, lees que ha fallecido una mujer con nombre de cielo y que no conoces, pero conoces a su hija que tiene nombre de árbol. Recuerdas aquel momento de su abrazo cuando se fue mi madre, y comprendes que esa parte de mi historia está en su ser. Ahora la suya, que es una historia de isla, (lean por favor Panza de Burro), está en mí, aunque sin abrazo aún. Así somos, una cadena de emociones, impresiones, hecha de mirarnos, de comunicarnos, de pensarnos. Y no queda más que decir, a la mujer con nombre de cielo que se fue, pues que muchas gracias por parir a su hija con nombre de árbol, tan trabajadora, como antes se decía, tan altruista, tan de apariencia seria y con el corazón tan grande, tan luchadora, tan amante de la buena compañía y del mar. Pues gracias muchas y buen viaje, mujer con nombre de cielo. Ojalá que haya usted disfrutado de este paseo tan personal.

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